Cuando la moral se hace Ley

Cuando la moral se hace Ley, la censura acecha en cada esquina.

En  pocos lugares podemos observar de forma tan clara esa forma de hacer política, de crear espejismos y falsedades que es el lampedusianismo, como en la extinta URSS, hoy Rusia. Las estructuras de poder del Partido Comunista se han mantenido, adoptando formas de capitalismo salvaje. Pero en el fondo, son aquellos mismos miembros del PCUS quienes, erigiendo compañías que se confundían en ocasiones con auténticos clanes mafiosos, dominan hoy la política real en Rusia. Cambia todo sin que nada cambie. Hoy, como ayer, las mismas personas ostentan el mismo poder casi absoluto. No resultan muy distintas esas formas de poder con otras formas de poder fascista. Y, curiosamente, al igual por ejemplo que el nacional-catolicismo español de la época franquista, muy cercanos a la confesión religiosa mayoritaria. Es necesario mantener el poder y el control sobre la masa, y la religión es, sin duda, un buen catalizador de pasiones.

Y es en este marco donde leemos hoy una noticia que, personalmente, me hiela la sangre. Leo, literalmente, lo siguiente:

RUSIA PROHIBE LA PROPAGANDA HOMOSEXUAL.

En teoría pretende evitar que se realicen actos de propaganda homosexual en público, en lugares donde haya menores. Intentaré con posterioridad analizar esto desde un punto de vista ético. Desde un punto de vista meramente jurídico hay varias pegas a poner. La más importante es que en los países civilizados, el derecho sancionador en general, y el penal en particular, ha de interpretarse siempe de forma restrictiva. Para ello es necesario eliminar totalmente los conceptos abiertos, las posibilidades interpretativas, que, por subjetivas, conducen inexorablemente a la arbitrariedad.

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Y por lo que se destaca en las noticias, esta Ley cuenta con excesivos conceptos abiertos. Para empezar, ¿que significa propaganda homosexual? ¿Besarse en público es hacer propaganda? ¿Cogerse de la mano? Para los curas (ortodoxos o católicos, me da igual) y los obtusos, indudablemente sí. ¿Qué sucede si un cura ortodoxo denuncia a dos jóvenes por besarse en la calle?

Pero es que desde un punto de vista ético resulta aún más repugnante. ¿La supuesta vigilancia de los niños permite condenar cualquier conducta que se salga de un estándar moral? ¿Por qué no se condena entonces cualquier forma de mentira como incumplir las promesas electorales? ¿Acaso queremos que nuestros hijos aprendan a mentir? ¿Por qué no se condena entonces cualquier forma de violencia, incluso las dirigidas contra animales?¿No son acaso conductas que queremos impedir en nuestros hijos? ¿El deporte profesional, donde se simulan lesiones, se agrede a la gente, se insulta, se escupe, será condenado?

¿Es realmente la vigilancia de los niños el motivo real de prohibir las manifestaciones homosexuales o es sólo una excusa barata? Personalmente me parece una excusa barata para imponer una moral determinada. Una elección personal que no ofende más a quien quiere sentirse ofendido. No es una enfermedad, no es un estigma. Los niños no se van a contagiar por ello, ni se van a sentir impulsados a ello por el hecho de que exista y se manifieste. Si, las manifestaciones del día del orgullo gay atentan en muchos casos contra el buen gusto, pero bueno, nadie debe ser multado o condenado por humor chabacano, porque entonces la mitad de chistes de mal gusto que circulan por whatsapp deberían ser objeto de multa.

Todo esto es, simplemente miedo. Miedo al cambio y miedo a enfrentar la moral salida de la fe, irracional, impuesta, castrante, con la Razón. Es otra forma de Inquisición.

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