Despotismo Ilustrado. ¿No será la solución?

Todo para el pueblo… Pero sin el pueblo. Si… suena duro. Pero lo cierto es que, a la larga, parece la única solución viable. Y me explico.

Llevo mucho tiempo dando vueltas a la idea, pero creo que la pieza que faltaba para completar el puzzle la he encontrado hoy en Italia. Si, y sin necesidad de excavar mucho. Resulta que Mario Monti, en un alarde de honradez política, anuncia que dimite en cuanto se aprueben los presupuestos para el año que viene. Lógico. Es un tecnócrata que fue nombrado primer ministro para capear lo peor de la crisis y que después de haber hecho su trabajo, dimite. Se podrá estar más o menos de acuerdo con sus medidas, pero como se le criticaba no haber sido elegido en las urnas y ser un burócrata, se va. Lo cierto es que tomó las riendas del país en una situación crítica, gracias a la corrupción general imperante en tiempos de Berlusconi, con la prima de riesgo más alta que en España y se va dejándola a unos niveles aceptables y, parece, cada vez más lejos de un hipotético rescate.

Se abre ahora una nueva alternativa en Italia. Berlusconi se presenta. Con un mensaje populista. Con las televisiones de la tele-teta y la telebasura apoyándole e inventando cosas de los candidatos. Con sus métodos mafiosos. Y el pueblo, que es idiota, que no lee, que solo ve tele-teta y tele basura (como en España, vamos), le votará. Y si Mario Monti no lo remedia, presentándose él, y dividiendo el voto del centro, seguramente Berlusconi ganará.

Extrapolemos esto a España. Afortunadamente no tenemos un Berlusconi. No nos hace falta. En lugar de un personaje estrambótico, pero multimillonario (y por ello, algo psicópata), tenemos unos partidos políticos gobernados por auténticos… bueno, dejémoslo en seres grises. No hace falta más. Élites extractivas criadas en los panales que son los partidos políticos y que van ascendiendo dentro del partido. Sin méritos, sin experiencia, sin ningún tipo de aptitud más allá que la de medrar dentro del partido. Y como al final es el partido el que se presenta a las elecciones, si estás arriba del partido, estás arriba en el Gobierno, aunque seas un auténtico cretino.

Y así tenemos masas idiotizadas viendo telebasura y tele-tetas. Y cada cuatro años las movilizas a votar y la ilusión del  gobierno del pueblo está creada. Y así el pueblo, su capacidad de cambiar cosas, queda totalmente desactivada. Puedes protestar, manifestarte. Puedes hacer lo que quieras. Siempre lucharás contra una barrera infranqueable. La legitimidad de las urnas. Derribar esa barrera, aunque parezca lógico, será inmediatamente tachado, y no sin razón, de dictatorial o fascista. Pero lo cierto es que el sistema está corrompido. Esa legitimidad es falsa, por muchos factores.

1.- Porque no la da el pueblo informado, sino una mayoría de personas incultas políticamente hablando, con nula capacidad de decisión, por cuanto que no cuentan con las herramientas necesarias para formarla correctamente.

2.- Una clase política desvinculada de sus promesas y de su programa electoral, que además se esfuerza en perpetuarse y en no abrir a otro tipo de fuerzas políticas el acceso a órganos de decisión.

3.- Unos políticos creados en auténticos viveros de estupidez e inutilidad que son los partidos políticos. Asesores con nula capacidad de asesoramiento porque han pasado más tiempo medrando en las estructuras de los partidos que en la Universidad, y eso los convierte en verdaderos incompetentes. Gente que vive por y para el partido.

Todo ello nos lleva a una conclusión de forma casi automática. No vivimos una democracia, sino una demagogia. Una kakistocracia de la peor especie. Y es que estamos gobernados por los peores a dos niveles:

  • El primero de ellos, irrefutable. Los peores políticos posibles. Los más corruptos. Los peor preparados. Los más serviles. Los más gilipollas.
  • El segundo de ellos, casi que también. La masa idiotizada, hipnotizada. Sin horizontes, sin aspiraciones. Aquellos para los que saber más consiste en saber más… de la vida de Belén Esteban. Una colección de mamíferos bípedos.

Sé que es políticamente incorrecto, pero hasta que no se diluyan estos dos niveles de estupidez, seguiremos igual.

Al final es la auténtica conjura de los necios.

Hasta aquí, la realidad. Analizada miles de veces y varias de ellas en estas mismas páginas. Lo importante. ¿Hay alguna solución?

Lo cierto es que se me ocurren varias, pero muchas de ellas son inviables. Por desgracia la más plausible es la del azar. Y no son pocas las premisas que tendrían que cumplirse a la vez. Que una serie de factores de desencanto hagan quedarse a los millones de amantes de la tele-nausea en casa. Que la gente que se informa vote a un partido minoritario de forma mayoritaria. Que ese partido cumpla y cambie la Ley Electoral. Que esa Ley electoral forzase a la gente a estudiarse un poco más el perfil de los elegibles. Que esa Ley electoral hiciera que la gente sin interés por la política se quedara en casa.

Demasiados factores, ¿no? Todas las demás soluciones se me antojan imposibles. Todas las demás pasan por premisas imposibles. El pueblo está desactivado. Ni revoluciones, ni golpes de Estado, que en España, por tradición y por observación de la realidad, serían aún más retrógrados. Por mucho que queramos, sólo nos movemos de una forma u otra, los mismos de siempre. A veces conseguimos movilizar a gente que carece de la fuerza, el valor y los recursos para hacer ningún cambio. Gente que se ha acomodado incluso a las miserias.

Se refiere mucho al modelo islandés como ejemplo de que se pueden cambiar las cosas desde la calle. Pero Islandia no es España. Ni en número de habitantes, que es muchísimo menor, ni en educación democrática. Países más pequeños están más acostumbrados a formas de democracia semi-directa, inalcanzables para países con mayor peso demográfico y menor cultura democrática.

No pretendo dar muchas más soluciones. Lo cierto es que lo dejo abierto para que los que lo deseen me iluminen sobre la forma de hacer el cambio que todos necesitamos. Pero desde luego, si queremos salvarnos, deberíamos hacerlo ya.

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